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Texto de las palabras pronunciadas por Luis Fernando Figari
Video de las palabras pronunciadas por Luis Fernando Figari (7.84 MB - Cortesía EWTN)
Roma, 3 (NE - eclesiales.org) Una auténtica fiesta de fe se vivió hoy por la tarde en la Plaza San Pedro, al celebrarse el multitudinario encuentro del Papa Benedicto XVI con miembros de los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades provenientes de todos los rincones del mundo. "Pertenecéis a diversos pueblos y culturas, ustedes aquí representan a todos los miembros de los Movimientos Eclesiales y de las Nuevas Comunidades, espiritualmente congregados alrededor del Sucesor de Pedro, para proclamar la alegría de creer en Jesucristo, y renovar el compromiso de serle fieles discípulos en este nuestro tiempo", dijo el Papa Benedicto XVI en la homilía que pronunció durante el rezo de las Vísperas de la Solemnidad de Pentecostés.
Desde tempranas horas millares de peregrinos colmaron la Plaza San Pedro para participar en el encuentro, que congregó a aproximadamente 250 mil personas. La gran multitud presente se extendió por la Via de la Conciliación hasta alcanzar el río Tiber. Entre los asistentes destacaba una nutrida delegación de más de dos mil integrantes del Movimiento de Vida Cristiana que han viajado de diversos países para este evento. En todo momento expresaron su alegría y entusiasmo de encontrarse con el Papa y con los demás integrantes de otros movimientos eclesiales. Se estima que había delegaciones de más de 150 movimientos eclesiales. Las varias decenas de movimientos eclesiales y nuevas comunidades ya aprobados por la Sede Apostólica ocupaban lugares destacados en la Plaza de San Pedro.
Antes de la llegada del Pontífice se proyectaron videos con imágenes del primer encuentro de los movimientos eclesiales con el Papa Juan Pablo II, que tuvo lugar el 30 de mayo de 1998. Asimismo se dio lectura a diversos textos del Cardenal Joseph Ratzinger, escritos antes de ser elegido a la Cátedra de Pedro, y un video con palabras tomadas de la solemne inauguración del pontificado de Benedicto XVI. Se alternó estos momentos con diversos cantos, uno de ellos "No tengo miedo", compuesto por un integrante de la Familia Sodálite. Varios integrantes de esta familia espiritual integraron asimismo el coro que en todo momento estuvo acompañando con sus canciones la intensa jornada espiritual vivida en Roma.
A continuación tuvieron lugar testimonios y reflexiones a partir del segundo congreso de movimientos eclesiales y nuevas comunidades celebrado del 31 de mayo al 2 de junio en Rocca di Papa, ofrecidos por Salvatore Martínez, coordinador de la Renovación en el Espíritu Santo en Italia, y por Maria Luigia Corona, cofundadora de la Comunidad Misionera de Villaregia.
Luego del rezo del tercer misterio glorioso del Rosario, a las 17:30 hora romana, el Papa Benedicto XVI llegó a la Plaza San Pedro. Cuando el Papa traspasó en su vehículo blanco el "Arco de la Campana" fue recibido con inmenso júbilo e incesantes vítores por los presentes. El Santo Padre fue recorriendo lentamente la Plaza San Pedro, saludado y bendiciendo a los peregrinos. Incluso avanzó por la Via de la Conciliación hasta el final, con gran alegría de la multitud allí presente, y finalmente se dirigió al estrado especial, delante de la Basílica Petrina. El recorrido del Pontífice duró media hora.
Al lado derecho del Santo Padre, en el Sagrato, estaban ubicados los fundadores de movimientos y los responsables mayores de los mismos, invitados especialmente para la solemne ocasión. Entre ellos se encontraba D. Luis Fernando Figari, fundador del Movimiento de Vida Cristiana, quien al final dirigió unas palabras de agradecimiento y compromiso con la nueva evangelización al Papa en nombre de los movimientos eclesiales y nuevas comunidades.
Tras la llegada del Santo Padre al pórtico de la Basílica de San Pedro, el Arzobispo Stanislaw Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, dirigió unas palabras de acogida al Santo Padre, y expresó su agradecimiento "por el don de la esperanza que los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades representan para la Iglesia. Porque es gracias a estos carismas que una muchedumbre de hombres y mujeres de nuestro tiempo, a pesar de los vientos contrarios, han descubierto la belleza de ser cristiano y han encontrado la alegría de comunicarlo a los otros". "Como prueba de ello, su presencia festiva en la Plaza San Pedro convertida en un cenáculo al abierto, testimonia al mundo que ser discípulos de Cristo es bello, que encontrar a Cristo es la más grande y fascinante aventura que se pueda vivir", afirmó Mons. Rylko.
Como parte del rezo de las vísperas, luego del canto del himno "Veni Creator Spiritus", los salmos y el cántico del Apocalipsis fueron comentados por Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal, y el sacerdote Julián Carrón, Presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación. Momentos antes se había dado lectura a un mensaje enviado por Chiara Lubich, fundadora de los Focolari, quien por razones de delicada salud no pudo hacerse presente.
Tras la lectura de un pasaje de la Carta a los Romanos, el Papa inició su homilía en la que recordó "con emoción" el similar encuentro realizado en 1998 con el Papa Juan Pablo II. "Gran evangelizador de nuestra época, el os ha acompañado y guiado durante todo su pontificado. Muchas veces definió de 'providenciales' vuestras asociaciones y comunidades, sobre todo porque el Espíritu Santificador se sirve de ellas para despertar la fe en los corazones de tantos cristianos y hacerlos descubrir la vocación recibida con el Bautismo, ayudándolos a ser testimonio de esperanza".
Los Movimientos -señaló más adelante el Papa- "han nacido de la sed de la verdadera vida. Son movimientos por la vida bajo todo aspecto. (...) Si queremos proteger la vida, entonces debemos sobre todo reencontrar la fuente de la vida; entonces la vida misma debe volver a emerger en toda su belleza y sublimidad; entonces debemos dejarnos vivificar por el Espíritu Santo, la fuente creativa de la vida". Asimismo, invitó a los movimientos a ser "escuelas de libertad". "Lo movimientos eclesiales quieren y deben ser escuelas de libertad", destacó, señalando que "ahí queremos aprender la verdadera libertad (...) Queremos la libertad verdadera y grande, aquella de los herederos, la libertad de los hijos de Dios. En este mundo tan lleno de libertades ficticias que destruyen el ambiente y al hombre, queremos con la fuerza del Espíritu Santo aprender a vivir juntos la libertad verdadera", aquella "libertad de los hijos de Dios". Las precisiones tan necesarias para la comprensión de la auténtica libertad eran seguidas con intensa atención a través de los altoparlantes y las varias pantallas gigantes que se extendían incluso a lo largo de la Vía de la Conciliación.
Asimismo el Papa destacó la necesidad de vivir la unidad. "El Espíritu Santo, dando vida y libertad, dona también unidad. Son tres dones inseparables entre ellos", explicó. "El Espíritu sopla donde quiere, y su voluntad es la unidad hecha cuerpo, la unidad que encuentra el mundo y lo transforma". "Pongo las intenciones de vuestros Movimientos y Comunidades en el corazón de la Santísima Virgen María, presente en el Cenáculo junto a los Apóstoles (...) Sobre todos invoco la efusión de los dones del Espíritu, para que también en nuestro tiempo tengamos la experiencia de un renovado Pentecostés", concluyó el Papa su profunda y orientadora homilía.
Tras las palabras del Santo Padre tuvo lugar lo que se denominó memoria litúrgica del Sacramento de la Confirmación, caracterizada por el rito del fuego, por la invocación del Espíritu Santo y por la profesión de fe, y posteriormente se realizaron las preces en diversos idiomas. Simbolizando los siete dones del Espíritu, una serie de siete recipientes ordenados delante de la ubicación del Santo Padre fueron encendidos por siete miembros de movimientos.
No faltó la presencia mariana, central en Pentecostés con el canto del Magníficat y el Regina Caeli. Millares de bellos folletos con los cantos y oraciones en latín e italiano fueron repartidos por la Santa Sede, con el título de "Vigilia de Pentecostés".
Antes de la bendición, dieron las gracias al Papa Benedicto XVI Patti Gallagher Mansfield, una de las iniciadoras de la Renovación Carismática Católica, y Luis Fernando Figari, fundador del Movimiento de Vida Cristiana, quienes al concluir sus palabras pronunciadas ante las decenas de millares de peregrinos que colmaron la Plaza San Pedro se acercaron al Papa para expresarle su respeto, reconocimiento y agradecimiento personal. El fundador del MVC se arrodilló unos momentos ante el Santo Padre, expresando su devoción y fidelidad al Sucesor de Pedro, en un momento particularmente emotivo de la celebración.
Fundador del MVC pronuncia palabras conclusivas del Encuentro
Roma, 3 (NE - eclesiales.org) A continuación ofrecemos el texto de las palabras que a modo de respuesta de los movimientos y agradecimiento dirigió en el encuentro con los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades D. Luis Fernando Figari, Fundador del Movimiento de Vida Cristiana, al Papa Benedicto XVI:
Beatísimo Padre:
En esta fiesta de fe quiero compartir la intensa experiencia que me produce meditar sobre aquel bello pasaje de la Escritura que dice: “Estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”. El Señor Jesús se presenta como quien pide ser recibido. Toca respetuosamente la puerta del corazón y pide ser admitido, para ingresar al ámbito personal. ¡Qué humildad la del Señor! ¡Su amor misericordioso no conoce límite! Llama insistente a la intimidad de cada uno, y pide ser escuchado. ¡Qué fiel perseverancia! Se descubre una finalidad escatológica, pero su dinámica empieza aquí en esta tierra con el llamado de Jesús. Oír y abrir al Señor es encontrarse con Él, es guardar su Palabra, es hacerse partícipe de su amor transformante. Quien responde según lo que dice la Virgen María en Caná, “Haced lo que Él os diga”, escucha y obedece a Cristo, y se abre también al Padre, quien pone su morada en él. La cena nos habla de la comunión a la que estamos invitados, pero también del camino en comunión y amistad con Jesús. Pienso que es una de aquellas magníficas síntesis que nos ofrece la Escritura para alentarnos a recorrer la senda hacia el encuentro plenificador.
El Verbo Eterno hecho hombre en la Inmaculada Virgen María para redimir a los seres humanos, viene al encuentro de cada uno para introducirnos en el maravilloso regalo de la reconciliación, con Dios, con uno mismo, con el prójimo, con la creación toda. Él nos llama con amorosa insistencia a vivir la vida cristiana en cada momento, nos enseña desde su luminosa presencia entre nosotros a ser personas según el Plan de Dios, Él hace manifiesta nuestra identidad más profunda, y responde a las preguntas existencialmente más acuciantes que se hace el ser humano.
Hoy existe un mundo que se cierra a la voz y a la luz de Cristo. La Iglesia, Ecclesia Sua , busca con amor iluminar y dar calor a los seres humanos. Como las llamas de fuego de Pentecostés, hoy también el fuego del Espíritu busca incesante iluminar las mentes, arder en los corazones, irradiar en la vida. Por ello el Señor Jesús toca a nuestra puerta e invita a una respuesta libre a los hombres y mujeres de hoy.
Cada tiempo tiene sus oscuridades; son los desafíos de esa época. Las crisis personales, la ruptura entre fe y vida, el secularismo asfixiante, el relativismo, el agnosticismo funcional, la pérdida de la identidad cristiana, la hegemonía de lo superficial y rutinario, la incomprensión de lo que significa la realización humana según Dios, nuevas y viejas ideologías y psicologismos que alejan al hombre de su senda, la masificación, las injusticias, el flagelo de la pobreza, la violencia, son todas voces que muchas veces sin saberlo están clamando por una respuesta veraz, de amor, que traiga paz y reconciliación a las personas y a los pueblos. ¡Ése es un clamor por el Señor Jesús! ¡Y es que sólo Él es la respuesta a las rupturas e inquietudes del ser humano!
El Espíritu que cubrió a la Virgen en la Anunciación-Encarnación, Aquel que con la manifestación de ardientes lenguas de fuego tocó las mentes y los corazones en Pentecostés, es el mismo que ha suscitado en este tiempo una ola de movimientos eclesiales y otras comunidades de fieles para vivir la vida cristiana, para anunciar al mundo que Cristo es real, que reconcilia al hombre, que le muestra su identidad y lo invita al amor y a la comunión, a participar de la naturaleza divina. Es Dios que viene en auxilio de los seres humanos y, como en tantas otras ocasiones en nuestra bimilenaria historia, suscita en el seno de la Iglesia movimientos que, mostrando la riquísima pluralidad eclesial, contribuyen desde la comunión con Pedro y bajo Pedro a la gran misión de la Iglesia: anunciar al Señor Jesús al mundo, invitando a la transformación del hombre y de las realidades terrenas según el divino Plan.
Beatísimo Padre, con inmensa gratitud por sus muy apreciadas enseñanzas y por su aliento tan entusiasta, los integrantes de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades hemos de sentirnos, a pesar de nuestra fragilidad, impulsados a un mayor compromiso en la Nueva Evangelización, avivando el ímpetu por la coherencia y el ardor testimonial en la Iglesia, buscando nuevos y audaces métodos y expresiones para anunciar a Cristo y sus enseñanzas, desde la experiencia de quien ha escuchado Su llamado, ha oído Su voz y se ha abierto a Él en un encuentro vital, dando testimonio, según nos sea concedido por el Espíritu, de la fe, la esperanza y la caridad hasta los confines de la tierra y en todas las realidades de la humanidad.
Con corazón profundamente agradecido, Beatísimo Padre, le decimos: ¡Ayúdenos a seguir el camino de Cristo! ¡Guíenos! ¡Confírmenos en la fe! Muchísimas gracias por todo.
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